imageCuando David Wilson llegó a Nueva York, marcó más que un cambio en el calendario. Marcó dos años de sobriedad.

A los 21 años de edad, David empacó sus maletas y se mudó a Okinawa, Japón para servir como policía militar. Solo meses antes, estaba disfrutando de su casa en Florida con su familia y novia a su lado. Sin embargo, la distancia entre Florida y el aislado Pacífico llevó la relación con su novia al piso, dejándolo en una grave depresión.

“El rompimiento llevó a la bebida, perdiendo el conocimiento los fines de semana y entrando en peleas. El 31 de Diciembre del 2012, tomé tanto que dejé una marca negativa en mis amigos más cercanos. Ese fue mi punto de cambio. Desperté el 1 de Enero del 2013 con una nueva perspectiva”, remarcó David.

Ese día vio un comercial de Yo Soy Segundo en su televisor durante las carreras de NASCAR. Pocos minutos después, David abrió su computadora portátil y comenzó a ver un video después de otro, Joe Gibbs, Jason Witten, Colt McCoy, Darrell Waltrip… y la lista continúa.

“Ellos son unos de mis atletas favoritos y es lindo verlos profesando su fe mientras escucho sus historias.”

Pocos meses después, mientras seguía en la isla, David acompañó a uno de sus compañeros a una sala de tatuajes. Antes de darse cuenta, David estaba recostado a la silla, apretando el puño, y teniendo un bosquejo de “I am Second” (Yo soy Segundo) en su antebrazo. En el conservatorio de la comunidad Japonesa en la que él estaba viviendo, esto era una declaración intrépida.

“Los Japoneses me dijeron que tenían mucho respeto hacia mí porque en su cultura ellos consideraban los tatuajes como una degradación personal. Ellos pensaron que era genial que yo tolerara el dolor por mi Dios”.

Muchas de esas personas se convirtieron en amigos cercanos de David. Incluso luego de regresar a los Estados Unidos, siguen en contacto y su tatuaje continúa siendo una declaración. Cuando la gente nota el tatuaje de “I am Second” (Yo soy Segundo) en su brazo, usualmente preguntan “¿Por qué no puso “I am first (Yo soy primero)?”

“No puedo decir que las conversaciones causan mucho, pero después las personas harán preguntas acerca de la fe y comenzarán a ir a la iglesia conmigo”, compartió David.

Hace sólo dos años, David pasó su Año Nuevo rodeado de botellas vacías en una isla solitaria. Este año, lo pasó con amigos cercanos que presenciaron la transformación de su vida, que siempre será recordada por la tinta en su antebrazo.